La democaja… o cómo formar ciudadanos

Hay muchas cosas en el tema educativo que no puedo cambiar. “Los deberes se hacen sentados” (aunque ya hayas pasado la mitad del día así), “tienes que memorizar los verbos irregulares en inglés para aprobar”, “no puedes decir que tu profesor es un gili****as” (por mucho que yo comparta tu opinión, y añada mentalmente tres o cuatro apelativos más de mi propio repertorio). Simplemente son normas que (de momento) no puedo cambiar…
Pero en medio de toda esa estúpida inercia, que a veces me lleva incluso a contradecir mis propios principios, también existen momentos de lucidez. La democaja fue uno de ellos.
Cuando un niño/a, te pregunta: “¿cuál es la manualidad de esta semana al acabar los deberes?” – ya entraré en ese combate en otro momento -, tienes dos opciones: buscar por Internet alguna actividad graciosa y facilita (sobre todo si no eres bueno con las artes) o dejar que ellos/as propongan sus ideas 🙂
Y una vez que les dejas opinar sobre eso… ¿por qué no sobre todo lo demás? Nunca me ha dado miedo que los usuarios de mi trabajo (es decir, niños/as y adolescentes) se quejen, me digan lo que no soportan y por dónde me puedo meter mis reflexiones… Normalmente, basta con darles unos minutos de espacio para que ellos/as mismos/as digan: “no me eches cuenta hoy, no sé qué me pasa”.
La democaja es mucho más que un lugar donde depositar ideas. Es un mensaje claro y directo “yo te escucho, lo que dices es importante para mí. Por tanto, te respeto, independientemente de tu edad”. Sé que da miedo, pero si desde niños/as no sienten que tienen la posibilidad de hablar, es más, que lo merecen.. ¿cómo lo harán cuando sean ciudadanos? La educación debe ser “para la vida”, y la vida es opinar, agradecer, criticar y decidir. ¿Somos valientes para aceptar eso?
Anuncios